Juchitán y sus ancestrales noches de velas

 

Cualquier época del año es excelente para conocer Juchitán, Oaxaca, pero en mayo, las luces de las velas resaltan en la oscuridad de la noche...

En Juchitán, `El pasado se hace presente', ví­ por ahí­ una frase en mi estancia por este mí­stico pueblo que conserva una especial combinación de tradiciones prehispánicas-religiosas, y que sin duda alguna no puedes olvidar; sobre todo esos imponentes rostros juchitecos, dominantes y alegres, plasmados en mi mente con bellas imágenes fotográficas, que atrapan y difí­cilmente podrás liberar.Es el mes de mayo, un intenso calor abraza `Ixtaxochitlan' -nombre en Nahuatl de Juchitán que significa `Lugar de Flores Blancas'-, y que también da vida a las fiestas titulares, Las Velas de Mayo, -las de primavera-, en honor a su santo patrono, San Vicente Ferrer.

Misas, bailes, regadas de frutas, procesiones y lavada de ollas, celebración de un gran colorido, costumbres que expresan un testimonio heredado desde el siglo XVII en esta región del istmo de tehuantepec, misma que atesora detalles históricos en los que todaví­a se rescatan raí­ces prehispánicas.

A pesar de los cambios de la modernidad, siguen siendo una sociedad tradicionalista que conserva su lengua nativa, la mayorí­a de los juchitecos se comunican en zapoteco y prevalece el matriarcado.

Los poblados más grandes de esta cultura zapoteca son Tehuantepec y Juchitán, y las flores caracterizan la vida de sus hombres y mujeres; las iguanas constituyen un sí­mbolo de identificación, mezclada con la fe a imágenes religiosas y la gastronomí­a tí­pica de la región, deleitando el paladar el pescado, el camarón, la iguana, el armadillo, los chapulines y cómo olvidar las tlayudas y las garnachas.

Durante las Velas en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, los dí­as y las noches son dignos de disfrutarse, no sólo por sus habitantes, sino también por los que estamos de paso en este pueblo que desprende alegrí­a del alma a quiénes lo habitan.

Un poco de historia
Los zapotecas habí­an rendido culto a los árboles -en especial los árboles frutales-, por esa razón, en sus ceremonias, la danza, el baile y los alimentos se hací­an en ofrenda a los árboles y frutos en sus antiguos rituales; de la misma forma rendí­an culto a los dioses del maí­z, a los animales y al mar. De ahí­ nacen las Velas, ahora con una combinación cristiana en la que la Iglesia impuso a un santo en lugar de un animal; y se complementa con cirios y veladoras, dejando sólo rastros de lo que antiguamente se celebraba como el resultado de esas devociones que representan la abundancia de la naturaleza.

En el inicio de la primavera, ahora se rinde honor a San Vicente Ferrer, patrón de Juchitán, cuya imagen fue traí­da de España durante la Colonia; sustituyendo así­ las celebraciones de la lluvia, el maí­z y otras más, por fiestas no sólo de santos católicos, sino también hay las que realizan las familias más adineradas de la ciudad, llevando por nombre sus apellidos, como la Vela López o la Vela Pineda; también está la Vela de La Santa Cruz del Cielo y las Autenticas Intrépidas Buscadoras del Peligro, realizados por grupos de homosexuales llamados muxhes, entre otras más.

Sin duda alguna, las Velas de mayo en honor a San Vicente Ferrer, son las más importantes de todo el año. Y ciertamente se entra en una contradicción para diferenciar el festejo del santo patrón de Juchitán: San Vicente Ferrer Grande (Goola) y San Vicente Chico, que sin duda alguna es el mismo santo; pero en un principio los juchitecos veneraban la imagen grande que el hermano de Porfirio Dí­az despojó de la ciudad y posteriormente le quemó los pies en Tehuantepec. Los juchitecos se hicieron de otra imagen del santo patrón, pero de menor tamaño, a quien se le puso San Vicente Chico (Huini). Finalmente, según cuentan algunos habitantes, encontraron a la imagen robada y al ladrón, haciéndole pagar con la misma moneda lo que le hizo a su santo.

En mayo, organización de la Vela mayor
Cada Vela está encabezada por un mayordomo y apoyada por una sociedad, misma que está formada por hombres y mujeres (socios), quiénes organizan las actividades previas para recolectar recursos para la fiesta, aproximadamente en un año. Tienen los mayordomos el cometido de llevar la correcta administración de los recursos y la organización de la fiesta.

Una Vela por lo menos dura tres dí­as. En una invitación para la Vela de San Vicente Ferrer Chico, el itinerario se distribuí­a de la siguiente manera:
Domingo 22 de mayo.- Tradicional Calenda a partir de las 16:00 horas, partiendo del domicilio del mayordomo.

Miércoles 25 de mayo.- Parada de la enramada -o toldo de lona adornadas con flores, hojas de plátano y papel, donde frente al "puesto" de cada miembro de la sociedad, se colocan sillas para sus invitados-, y a moler el arroz - que no es más que la preparación de la comida que se ofrecerá en la Vela-.

Jueves 26 de mayo.- Tradicional Vela a partir de las 21:00 horas. -Durante esta noche se hace la coronación de la reina de la Vela y sus dos princesas; así­ como el solemne acto del cambio de mayordomí­a. La Sonora de Chay y Caribe Show formaron parte del repertorio musical.

Viernes 27 de mayo.- Regada de frutas encabezada por los mayordomos entrantes, sus capitanes y capitanas. -No es más que una florida peregrinación de carretas, caballos y carros alegóricos adornados y abordados por lindas tehuanas que arrojan todo tipo de vasijas de plástico, despensa, pañuelos, dulces y juguetes, a la gente postrada en las calles principales del pueblo, esperando ansiosas atrapar en el aire la mayor cantidad de objetos posibles. El desfile es acompañado por música de orquesta o hasta mariachi, dependiendo del presupuesto y la creatividad de los miembros de la sociedad.

Sábado 28 de mayo.- Lavada de Ollas. Primero se llevó a cabo la misa en honor a San Vicente Ferrer Chico a las 10:00 de la mañana, de la Iglesia, parte la sociedad con música de banda al domicilio de los mayordomos donde se ofrece un baile-refrigerio, el ambiente musical serí­a amenizado una vez más por la Sonora de Chay y Los Robin's de Martí­n.

Domingo 29 de mayo.- Tradicional Recalentado en el domicilio de los mayordomos, donde los esperarí­a un grupo sorpresa.

Las noches de Velas
Las Velas son noches de fiesta, permanecer en vela o vigilia en honor, en la actualidad, a un santo, familia, grupo social u organización, durante toda la noche hasta la madrugada del siguiente dí­a, por lo que en Juchitán, realizan sus velaciones ancestrales con mucho júbilo; la música, comida y bebidas - ya sea cerveza o refrescos-, los hay en abundancia.

En las acaloradas noches de Velas en Juchitán, La Sandunga, La Llorona o La Petrona son algunos sones con los que se integra uno a la pista a iniciarse en un baile interminable, que lejos de dejarte caer rendido, te inyecta una misteriosa energí­a en el que tan solo un tenue soplo de aire refresca tu rostro bañado en sudor.

Sí­, inolvidables son los rostros juchitecos que imponen y emanan un gran gozo, sobre todo sus mujeres que danzando al compás de los acostumbrados sones, elevan ligeramente sus rostros con gallardí­a, toman con elegancia sus enaguas y con sus pies perfilan semicí­rculos, como si fueran pequeños soles, frente a su pareja - que puede ser hombre o mujer, pues sin prejuicio alguno, las mujeres bailan entre ellas-. Mientras las observaba, parecí­a que presenciaba la transfiguración de éstas damas en verdaderos ángeles.

Los hermosos trajes regionales compuestos por enaguas de terciopelo, al igual que el huipil, tejidos o bordados de flores grandes y de variados colores, irradian de luz a las mujeres de Juchitán, que para la noche de la vela, penden de sus cuellos grandes collares de oro; aretes y pulseras de este mismo material también forman parte de sus accesorios, representando cierto poder y nobleza.

Es una gran noche de gala y para ello las juchitecas preparan su vestimenta con anticipación, cuidadosas de no repetir uno de los trajes en una fiesta; su arreglo personal es impecable y de gran esmero.

Cabe mencionar las reglas para garantizar la entrada a una Vela, antes que nada, ser invitado por un familiar o conocido de algún socio de la Vela, ir vestido de gala, llevar la contribución e ir dispuesto a amanecer bailando, comiendo y bebiendo.

En la noche de la Vela, los varones visten guayabera blanca y pantalón negro, y en sus hombros un cartón de cerveza que es comprado al entrada de la enramada; las mujeres con su huipil y enagua de holan, en un pañuelo blanco o servilleta de papel colocan 50 pesos, es la cooperación o tributo para el socio que los invitó, correspondiendo a las atenciones que les darán durante la noche.

En los puestos, las mujeres son las que se encargan de repartir la comida, bebida y atenciones a los invitados; la ensalada de camarón, cacahuates, quesillo y gran variedad de platillos se podrán degustar como parte del menú. Detrás de las sillas montadas y enfiladas conforme van llegando los asistentes, se tiene una mesa con la comida y las hieleras repletas de cerveza y refrescos. Mientras tanto, las bandas musicales resuenan con toda fuerza para poner a bailar a toda la concurrencia.

Después de la coronación de la Reina, en la que ella ofrece un agradecimiento a sus padrinos y asistentes, antes de culminar la celebración se anuncia el ritual de cambio de mayordomí­a. Los mayordomos entrantes -cargo cedido a una pareja-, se encargarán de presidir la organización de la fiesta del próximo año. Con la entrega de un ramo de flores de los mayordomos salientes a los entrantes, pronto los invitados emiten vivas y entre lágrimas, estrechan emotivos abrazos de apoyo y solidaridad, para entonces, una mujer juchiteca pidió a la banda musical el son de La Paloma. El baile ha llegado a su fin.

Las fiestas titulares de Juchitán, iniciaron este año en la segunda semana del mes de mayo, con una Expo Feria Artesanal que envolví­a música, danza, exposiciones, conferencias culturales y conciertos en el atrio de la presidencia municipal. Para el dí­a 20 de mayo, con laVela Igu, al igual que la celebración del Centenario de la Vela Biadxi (Ciruela), se dio comienzo las Velas; le prosiguió a los dos dí­as la Vela de la Santa Cruz del Calvario y al dí­a siguiente se llevó a cabo el Festival del Rí­o.

El martes 24 de mayo se desarrolló la Vela Angélica Pipi lado Norte y lado Sur y la tirada de frutas de Guie Cheguigu, enseguida la Vela San Isidro Labrador y finalmente las Velas de esencial valor celebradas el jueves 26 y viernes 27 de mayo -la semana más importante-, la Vela San Vicente Ferrer Chico y la Vela San Vicente Ferrer Grande (Goola) lado Norte y lado Sur; el sábado se finalizó con la Vela Cheguigo. Y para el cierre de las fiestas titulares, se lleva a cabo la corrida de toros en la Plaza de Toros Chente Malo, ubicada en la colonia Rodrigo Carrasco López, así­ como el domingo de fiesta con fuegos pirotécnicos y el baile popular.

Importante es la Expo Feria Artesanal durante la celebración a San Vicente Ferrer, donde la Unión de Auténticos Artesanos de la Región del Istmo, en su esfuerzo por conservar sus costumbres zapotecas, mostró una serie de artesaní­as como máscaras, hamacas, alfarerí­a, artí­culos de palma y tallados de madera.

Sin embargo, en el mercado, situado a un costado de la plaza principal del pueblo, justo en la presidencia municipal, durante el dí­a siempre se puede encontrar una gran variedad de artí­culos representativos de la región, su gastronomí­a, trajes tí­picos, tocados y alhajas en oro que caracteriza a sus mujeres y el que lucen con galanterí­a durante las noches de las Velas.

En una tarde acalorada, me deleitaba apreciando el caminar de la gente alrededor del kiosco en la plaza principal, luego me acercaba a una carreta donde una mujer vendí­a deliciosas aguas frescas; las de coco, guanábana y horchata eran las favoritas para refrescarme sentada en una banca.

Una experiencia divina dejaba la contemplación de las aquietadas noches en Juchitán, cuando las calles eran lentamente desalojadas, después de una intensa festividad. Con expectación llegaba a uno de los puestos montados a faldas de la presidencia, donde preparaban el Nisiaaba'bupu, un exquisito atole blanco de maí­z endulzado con una espuma batida con canela, cacao, piloncillo y la flor guiet chachi, ingrediente que convertí­a este atole en bebida afrodisí­aca -según me dijo una de las mujeres que lo preparaban-.

Tomar esta bebida tení­a su gracia, se debí­a succionar del tazón la espuma y el atole a la vez, ya que de esa forma se disfrutaba lo desabrido del atole con lo dulce de la espuma.

Y qué decir de los puestos donde ofrecí­an las exóticas y originales nieves de Mitla, Oaxaca, en uno de ellos, los esposos Rogelio Quero y Carmela Cisneros tení­an una extensa variedad de sabores: limón rayado, guanábana, mezcal, mamey, tuna, leche quemada, piña colada; el sorbete, que es un preparado de rompope sin licor; de los rosales grandes preparan el de sabor pétalos de rosa; el beso de ángel, una combinación de nuez, fresa, pasas y piñones.

Otras combinaciones extrañas con nombre como el Sueño Oaxaqueño que contení­a manzana, plátano, fresa y nuez; muchos pedí­an el Beso Oaxaqueño, preparado con piña, coco, zanahoria, licuado de mamey y pasas; el Encanto Zapoteco tení­a una mezcla de guayaba, fresa y un toque de vainilla o habí­an quien preferí­a el Bocado Celestial, tan solo con manzana, piña y nuez.

Juchitán invita a sensibilizar tus sentidos y llenar de paz tú espí­ritu, su gente simboliza el pasado en estos tiempos y es un ejemplo de sencillez, fortaleza, alegrí­a y religiosidad; pero sobre todo, los juchitecos muestran abiertamente un corazón, entregando lo mejor de sí­ mismos.

¿Cómo llegar a Juchitán?
Puedes tomar diferentes rutas para llegar y entrar al mundo de encanto de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.

De la capital de Oaxaca, la carretera panamericana te transporta alrededor de 5 horas, sin embargo, tienes dos opciones al llegar por Huatulco: En un recorrido de tres horas, tomando la carretera costera o en una hora y media si decides circular por la autopista Huatulco-Salina Cruz, donde te tomará 40 minutos más para llegar al mágico "Lugar de las Flores Blancas"